Las elecciones generales del 7 de junio, en que el Partido Democrático de los Pueblos (HDP en las siglas turcas) obtuvo el 13% de los votos superando el listón electoral del 10% e impidiendo así que el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) poseyera la mayoría absoluta en el parlamento, también fue un rechazo al proyecto del Presidente Tayyip Erdogan de construir un régimen presidencial. Pero Erdogan no renuncia a su plan de convertirse en un presidente todopoderoso y trata de alcanzar su objetivo con todas la medidas que tiene a su disposición.

El proceso de los acontecimientos que empezó con el asesinato en Suruç de 32 jóvenes socialistas y con decenas de personas heridas, ahora y con la excusa de la lucha contra el terrorismo yihadista (el Estado Islámico) continua con las persecuciones contra los partidos y grupos de izquierdas, los sindicatos e incluso contra los medios de comunicación independientes. La brutal represión de los manifestantes que protestaban por la masacre de Suruç, la detención de miles de personas con acusaciones de terrorismo, las redadas organizadas en centenares de domicilios, la represión policíaca en el templo alevita en Estambul contra las personas que celebraban el rezo funeraria por algunas de las victimas de Suruç, los incendios forestales provocados por las fuerzas armadas en las zonas de Cudi y Lice (Kurdistan turca), la rotura por el gobierno del alto el fuego con el PKK, el bombardeo de las posiciones de las milicias kurdas y hasta los asentamientos civiles, la intensa propaganda bélica de los medios afínes al Gobierno, la intervención militar en las zonas controladas por las fuerzas kurdas en Siria (YPG) con el pretexto de luchar contra el Estado Islámico, y también las muertes de varios militares y policías en diferentes ciudades, forman parte de las incidencias del proceso actual.

Por otro lado se ha abierto un periodo de intensa represión en las grandes ciudades donde las masas están aterrorizadas con las advertencias de “peligro de bombas suicidas” y condenadas al temor por salir a la calle. Esta represión cuyo principal objetivo son los políticos y dirigentes kurdos, continua con las llamadas a la ilegalización del HDP y censuras sobre los medios disidentes. Mientras se abre un procedimiento legal contra la copresidente del HDP, Figen Yüksekdag, por “hacer propaganda de organización terrorista”. Con estas prácticas bonapartistas, que evocan los preparativos de un golpe de Estado, y con el beneplácito de la burocracia civil y militar, Tayyip Erdogan resucita la enemistad tradicional del régimen contra el pueblo kurdo. Con todas sus provocaciones lo que quiere lograr es “demostrar” que sin la mayoría absoluta de su partido el país se arrastraría hacia el caos y la desestabilización, y abrir el camino a unas nuevas elecciones; quiere obtener una mayoría parlamentaria que le permitiría cambiar la Constitución y convertirse en el “hombre fuerte de la patria”.

Estamos ante una evidencia clara: hoy por hoy tenemos un Gobierno desprovisto de la legitimidad y la capacidad de gobernar. Es un gobierno provisional de un partido que soñaba con tener el poder absoluto, pero que fracasó espantosamente en las elecciones. Ahora AKP intenta a impedir cualquier posibilidad de formación de un gobierno de coalición bajo el pretexto de luchar contra el Estado Islámico, para poder realizar su ilusión de construir un régimen presidencial.

Lo que llaman el “modelo turco” del régimen presidencial es esto; un modelo basado sobre la represión y métodos bonapartistas. AKP bien sabe que si no puede llegar al poder con mayoría absoluta, no podrá disfrutar de los “fondos privados”, tendrá que afrontar la justicia por corrupción y malversación, y no logrará legislar arbitrariamente. Por eso, optó por dar un golpe a lo que él mismo llama ” la voluntad popular” buscando todas las vías para anular los resultados de las elecciones de 7 de junio. Su propósito es desprestigiar el HDP, aumentar sus votos con nacionalismo antikurdo y obtener suficientes diputados en parlamento para cambiar la Constitución a su gusto. Con la represión del pueblo kurdo y del movimiento socialista y progresista, intenta criminalizar cualquier movimiento disidente. Creyendo que el “proceso de paz” no le aporta votos, Tayyip Erdogan ahora enfoca su atención sobre los votos de los ultranacionalistas turcos y concentra sus esfuerzos para romper la alianza turco-kurda que surgió con el éxito electoral de HDP.

Los responsables de las muertes y del clima de represión y violencia son Erdogan y el Gobierno. En frente de tal situación llamamos a los trabajadores y a la juventud en solidaridad con el pueblo kurdo. ¡Basta ya de las operaciones militares y la opresión política contra el movimiento kurdo! Todas las muertes, empezando por la masacre de Suruç deben ser investigados por la Justicia y por el Parlamento. Todas las personas y las instituciones que tienen responsabilidad, participación o negligencia en estos asesinatos deben ser juzgados y condenados. ¡Los políticos y militantes del movimiento kurdo y los socialistas detenidos por el falso pretexto de terrorismo deben ser liberados inmediatamente!

También criticamos la línea de acción del PKK. Demandamos al PKK que pare sus actividades militares (salvo en defensa propia) aisladas del movimiento de las masas, que no ayudan a la movilización popular y obrera, y en cambio crean confusión entre la población y dan argumentos al régimen para emplear la represión y la violencia contra la oposición de izquierdas, el HDP y el movimiento kurdo en general. PKK tiene que aclarar y denunciar inmediatamente las acciones en las que no está involucrado.

HDP tiene que rechazar y denunciar la utilización de las bases estadounidenses en Turquía para intervenir militarmente en Siria. Sea cual sea la razón, no se puede aceptar la intervención del imperialismo en la zona. El principal responsable del caos que vive hoy la zona es la ingerencia militar y política del imperialismo. El imperialismo no intenta a resolver los problemas del Oriente Medio, sino que quiere parar los procesos revolucionarios e imponer sus intereses arrastrando a los países al desconcierto y a la miseria.

Ante la “política de guerra” que pusieron en marcha el Gobierno y Tayyip Erdogan como su última medida de salvación, todos tenemos la responsabilidad de no caer en esta trampa e invalidarla.

Partido de Democracia Obrera, 31 de junio de 2015

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