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La juventud tunecina defiende su revolución

Túnez… El joven diplomado en paro… Se mató… Los que escuchan estas palabras enseguida recuerdan a Mohammad Bouazizi, el joven diplomado en paro que se prendió en fuego el 17 de diciembre de 2010 convirtiéndose en la mecha de la revolución tanto en su país como en toda la geografía árabe… Entonces las masas que salieron a la calle reivindicando trabajo, pan y libertad lograron derrumbar al dictador, Ben Ali, pero no pudieron acabar con todo el régimen dictatorial. La burguesía tunecina y el imperialismo, para poder controlar la movilización de las masas tunecinas que fue un “mal ejemplo” para los pueblos de la región, y para poder estabilizar mínimamente la situación política, intervinieron con toda su fuerza en el proceso revolucionario, y siguen haciéndolo.

El objetivo de su intervención fue, sin tocar mucho las conquistas democráticas (libertad de expresión, de organización, etc.), salvaguardar el régimen (de hecho una parte importante de la izquierda tunecina se acopló a este política pensando que ya era hora de volver a casa una vez que Ben Ali estaba destituido), seguir con las políticas neoliberales, hacer olvidar las reivindicación de trabajo y pan de las masas. Una vez el proceso estaba canalizado en ese rumbo, “reconstituir la estabilidad” ha sido mucha más difícil de lo que se pensaba, ni tampoco ha sido posible parar la profundización de la crisis económica y social. La última prueba de esta realidad es la nueva mecha que incendió Ridha Yahyaoui.

Ridha Yahyaoui…

Un joven parado diplomado de 28 años, Ridha Yahyaoui, se suicidó el 16 de enero en la ciudad de Kasserine con electricidad subiendo a un torre de eléctrica mientras había una concentración de protesto contra el desempleo y el empobrecimiento. A partir de ello cientos de jóvenes sobre todo parados diplomados salieron a la calle con las consignas de “trabajo, pan, libertad y una vida digna” montando barricadas en las calles y protegiéndose con piedras contra las fuerzas de seguridad que les intentaban reprimir brutalmente con gas lacrimógeno. A partir de entonces las manifestaciones se propagaron a otras partes del país con confrontaciones con la policía en las que 240 activistas y 70 policías quedaron heridos. En el momento de redactar este informe, las manifestaciones de diferentes proporciones siguen en 16 ciudades del país. La vanguardia de las movilizaciones son como en el 2011 los jóvenes diplomados en paro.

Colapso social y económico

No es por casualidad que las movilizaciones empezaran donde empezaron y que los jóvenes diplomados en paro estuvieran a la cabeza. Un par de estadísticas nos ayudan a entender eso: según las cifras oficiales el paro actual en Túnez es de un 15,3%. Esta cifra en zonas interiores y del oeste donde se hallan ciudades como Kasserine, Sidi Bu Zeyd, Kef y Gafsa sube hasta un 25%. Recordémoslo: Estas ciudades fueron los principales centro de la revolución que empezó en 2011. Respecto a los jóvenes diplomados en paro, las cifras mencionadas arriba se doblan: ¡el promedio en el país es de un 30%, y en las zonas interiores y del oeste de un 50%! En las ciudades citadas, casi la mitad de la población intenta sobrevivir con 2 dólares (4 dinares tunecinos) al día. Según las estadísticas de entre 2011 y 2015, el poder adquisitivo de las clases medias bajó un 40%. Todos estos datos explica suficientemente por qué los jóvenes tunecinos retoman las calles una vez más gritando “la revolución la hicimos nosotros, pero no podemos vivir”.

¿Hacia dónde?

En este momento la cuestión principal es hacía dónde va a dirigirse la desesperación ante la pobreza y desempleo, que está convirtiéndose en rabia. El partido en el poder, Nida Túnez, junto con su crisis interna, está perdiendo su legitimidad ante las masas. Con la extensión de las movilizaciones en todas partes del país el Gobierno se encontró en peligro y el 22 de enero declaró el “estado de excepción” y toque de queda entre 22:00 y 05:00 horas en todo el país. A pesar de la represión de las fuerzas de seguridad contra las manifestantes, las movilizaciones continúan sobre todo en las zonas interiores.

Por otra parte, mientras el Gobierno trata de apaciguar el enfado de las masas, sus “soluciones” rebuscadas son cada vez más inútiles y torpes. Después de una declaración oficial de que se va a emplear 5.000 jóvenes por el Estado, solo 4 horas más tarde en otra declaración se manifestó que la promesa fue fruto de un “mal entendimiento” y que no existía tal oferta. Recordemos también que Ben Ali había tratado de salvar el pellejo prometiendo 35.000 puestos de trabajo ante las manifestaciones que sacudía todo Túnez. Ahora el Gobierno actual jura que va a proceder mejorías económicas y sociales, pero que no tiene la “varita mágica” en sus manos y que la gente tiene que ser “un poco paciente”.

Sin embargo las masas no tienen ya confianza en la retórica del Gobierno, ni paciencia ante las condiciones míseras de vida… Y ya es hora de que principalmente el Frente Popular, donde la gran parte de la izquierda está organizada, acabara con su política reformista de identificarse con la defensa de las conquistas democráticas, y que se reoriente según las exigencias que vienen desde las masas que piden un radical cambio social y económico. Esto, además, es una cuestión de ser o no ser para el Frente. De la misma manera la Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT) tiene que tomar parte en la lucha poniendo en marcha un plan de acción urgente –que tiene que incluir una posible huelga general- para la creación de puestos de trabajo y la subida de los salarios, con el fin de fortalecer las luchas. Es de importancia vital la presión de las bases de UGTT sobre su dirección burocrática para movilizar al sindicato.

Por otra parte las masas en movilización tratan de construir sus propios organismos de lucha. En Kasrin fundaron una asamblea popular, y en Kef, un comité de autodefensa. Será determinante la creación y centralización de este tipo de organismos en la coordinación las luchas. Evidentemente la izquierda tunecina tiene una responsabilidad muy grande en el proceso. A medida que la izquierda revolucionaria tunecina elabore un programa de acción por la transformación económica y social del país, y haciéndolo propio de las movilizaciones, coordinando los organismos que las masas crean, las luchas tendrán más posibilidades de éxito hacia un cambio radical. Pues, las masas trabajadoras aún quieren aniquilar el régimen represivo y neoliberal, y la juventud defiende su revolución…

¡No al estado de excepción y toques de queda!

¡Por Trabajo, pan, libertad y una vida digna!

¡No al pago de la deuda externa! Su inversión en la creación de trabajo, en subida de salarios y en los servicios sociales, salud y enseñanza.

¡No a las privatizaciones! Nacionalización sin indemnización de las empresas privatizadas.

¡El pueblo quiere cambiar el régimen! ¡Por un Gobierno de los trabajadores y popular!

Görkem Duru

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